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España no es un país para empresarios
Economía - 24 de abril de 2009
Escrito por Luis Valdemoro
 

Cuando el Premio Nóbel de Economía Paul Krugman comentó que la situación para España era aterradora, pienso sinceramente que se quedó corto.

Me imagino que como buen economista, tendría en cuenta los datos macroeconómicos, la debacle de la construcción, la crisis bancaria, la confusión y el miedo que está provocando la guerra de las Autonomías en el posible inversor extranjero, pero lo que estoy seguro que no tuvo en cuenta fue la situación que se está viviendo en las empresas, que está provocando una quiebra en cadena y que paso a enumerar:

1º. Absentismo. Cuando a un trabajador se le llama la atención por cualquier causa, inmediatamente te amenaza con ir al médico y darse de baja, la cual consigue en un 100% de los casos. El coste de esta estafa lo paga casi íntegramente el empresario y en una pequeña parte la Seguridad Social. Esto supone muchísimo dinero perdido por las empresas, en nuestro caso esta pérdida supera el medio millón de euros al año, que cada día va en aumento y sin visos de solución, porque no hay médico que no conceda la baja, ni nadie que lo controle. La única solución sería que este coste se asumiera por la Seguridad Social que entonces sí controlaría para evitar esta estafa.

2º. Despidos. No sólo el despido es carísimo sino que es prácticamente imposible que un juez sentencie a favor del empresario. Yo he sido insultado delante de testigos por una empleada y he perdido el pleito, lo que me costó pagar el despido completo más 5 meses de salario de tramitación. Por ello el empresario está totalmente indefenso ante la baja productividad y el indebido comportamiento de los empleados y sólo le queda el camino de asumir un carísimo despido, que supone una sangría para la empresa.

3º. Sindicatos. Es totalmente escandaloso el ratio de representantes sindicales por trabajador. Si tenemos en cuenta las horas sindicales, que en nuestro caso suponen un coste de unos 70.000 euros al año, su alto absentismo, que en nuestro caso es de unos 50.000 euros al año, y su bajísima productividad en las pocas horas en que deben trabajar, puede cualquiera hacerse una idea de la sangría que supone esto para una empresa. Esta situación tiene su causa en la impunidad de los representantes sindicales para ser despedidos.

A la vista de todo esto, parece un milagro que una empresa en España pueda sobrevivir.

Si a estas causas sumamos la crisis en la que estamos inmersos, que la Banca ha cerrado el grifo de los créditos y que para los pocos que concede, ha endurecido las condiciones, es evidente que a las empresas nos espera un futuro dramático, y no olvidemos que las empresas son las que generan el empleo y el dinero que mantiene a pensionistas, parados, políticos y funcionarios, o sea a todos.

Las medidas que se anuncian sobre aumentar el período de desempleo retribuido, pueden agravar aún más la situación que describo, a menos que se tomen otras medidas que eviten los males anteriormente descritos, como abaratamiento del despido, que el Estado asuma la totalidad del coste del absentismo (que en ese caso seguro que disminuirá), y que los sindicatos realicen sus funciones pero que a la hora de trabajar den ejemplo, cosa que dicen que hacen pero que no es cierto en absoluto.

Para acabar, los inversores extranjeros ya son conscientes de esta situación y se están replanteando seriamente sus inversiones en España.

De seguir por este camino, nos vamos todos al abismo de cabeza.

Muchas gracias y confío que esta carta aporte algo al incierto futuro que nos espera a los empresarios y a los españoles.