Publicidad
Publicidad
Egolatría, alienación y efectos colaterales
Tecnología - 04 de febrero de 2012
Escrito por Pere Borràs
 
Observo con desesperación e impotencia el terrible auge que la egolatría está alcanzando en algunos sectores de la juventud. Diríase que la juventud, a la que generalmente se ha referido como un algo unificado, un estrato generacional con una dirección, se ha escindido en dos grupos claramente identificables. Por un lado, tenemos a la juventud de siempre, aquella que observa a su alrededor, identifica lo que no le gusta y lucha por cambiarlo. Por el otro, tenemos una nueva juventud que, aunque siempre estuvo ahí, parece que actualmente incrementa su presencia hasta cotas no alcanzadas en el pasado. Es una juventud conformista, autocomplaciente y que busca no tanto cambiar lo que percibe como malo sino, casi patológicamente, incrementar su proyección en la vida de los demás como fin último y sin más objetivo que ese.

La primera ya me parece bien. Es la que ha existido desde siempre y la que de algún modo ha constituido el motor del progreso y de los avances sociales. La segunda, preocupa. No tanto por su ombliguismo como por los efectos colaterales del mismo.

Desde que se popularizó Internet, han aparecido diversas herramientas de comunicación grupal que han servido, desde sus inicios, para focalizar los esfuerzos de las mentes inquietas para perfilar objetivos, y desarrollar las estrategias para alcanzarlos. Entre ellas podemos contar con tecnologías que son en sí protocolos mismos como el IRC, o con plataformas de comunicación de más alto nivel soportadas por la WWW como Fotolog, Facebook y, últimamente muy en auge, Twitter.

Tristemente, la egolatría del segundo grupo referido de jóvenes aparece en dichas herramientas aumentando el ruido de información útil hasta, en algunos casos, colapsar la funcionalidad de dichos servicios como herramientas de construcción y modelado social.

Hace ya muchos años, cuando yo era un muy activo usuario del IRC, este servía para conocer personas pertenecientes a grupos con la misma orientación social, ideológica, sexual... Se crearon muchos grupos que trascendieron las comunicaciones electrónicas y sirvieron para generar debate, acciones y, de algún modo, tomar el timón para dirigir el rumbo de la política en direcciones más sociales. Pude vivir la forma en que este tipo de interacciones se filtraron en la política hasta, para poner un ejemplo, alcanzar la ley de matrimonio que equipara los matrimonios heterosexuales con los homosexuales. Con el tiempo, aparecieron "liderismos" y demás lindezas que distorsionaron en gran medida la utilidad del IRC. A pesar de eso, por fortuna, aún mantiene su utilidad para mantener ciertas comunicaciones, si bien, en cierto modo, parece destinado a ser usado solamente por una especie de "élite tecnológica". Una pena.

Pasó algo parecido con el Fotolog. Se convirtió en una de las páginas más utilizadas de la red a pesar de (o quizas debido a) su extremada simplicidad. Se fraguaron allí muchas conexiones entre personas y algunas cristalizaron en algo más. Luego, la egolatría hizo acto de presencia y tener muchos FF se convirtió en el objetivo de muchos de sus usuarios. Los mensajes con contenido útil dejaron paso a una maraña de ruido consistente en pedir a los demás usuarios que hicieran FF (pedir a los usuarios de otras cuentas que sigan la cuenta propia). Actualmente, el uso de Fotolog se desploma a vertiginosa velocidad y no veo muy lejano su fin.

Todos conocemos, asimismo, un montón de cuentas de Facebook cuyo fin parece no ser otro que tener más amigos que habitantes pueblan la Tierra. Y del mismo modo, empiezo a observar, con tristeza, que el mismo fenómeno se está produciendo en una de las herramientas que más parece haber influido en la movilización social para mejorar el mundo (o al menos intentarlo). Me refiero a Twitter.

Twitter nació como microblogging para proyectar al mundo el estado de cada uno en un momento dado. Su utilidad estaba cimentada en su inmediatez. Al cabo de un tiempo, pues no fue inmediato, surgió espontaneamente su uso para movilizar a la gente, para lograr objetivos. De ahí salió el 15M y, posteriormente, las acampadas. Sigue siendo una buena herramienta que, sin embargo, cada día sufre más interferencias por mensajes vacuos cuyo único y final objeto es ser visto. "El fin de esta cuenta es que sigas a esta cuenta". Cada vez aparecen más mensajes que lejos de trasladar información, piden patológicamente aumentar el número de seguidores. Puede que este fenómeno termine con la vida útil de Twitter así como socavó gravemente la utilidad de otras herramientas. Ojalá no, pero me temo que sí.

Yo, por mi parte, voy "unfollowando" a quien pide followers sin más fin que... eso, tener followers.