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Los niños de los servicios sociales
Opinión - 07 de agosto de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

A diferencia de los niños robados del franquismo, que desaparecían en manos de médicos, monjas, comadronas y demás (en ocasiones sin dejar rastro) nos encontramos actualmente con el robo legalizado de niños en manos de los servicios sociales y sus entidades derivadas.

Esos niños sí se sabe dónde están en todo momento. Las garras del Estado atrapan tutelas con una facilidad pasmosa. A esos niños no hace falta buscarlos, nadie tiene que hacerse un ADN para demostrar nada, no existen identidades perdidas. Está todo tan claro que asusta. Es la modernización del delito, transformado en burocracia, en brazo ejecutor de las familias y fundamentalmente de las madres. Ellas, que son juzgadas por su aspecto e incluso por un pasado reciente más que confuso sobre el papel.

Aquí no hay adopciones irregulares, el Estado -que todo lo puede- se encarga de formalizar el drama mientras una serie de cargos por oposición actúan como jueces rápidos y exterminadores gracias a la modificación de una ley que hasta 1985 (curiosamente el año en que desapareció por completo el Patronato de Protección a la Mujer) traspasó el poder judicial al funcionariado. Nunca una oposición dio para tanto. Aquí no hay engaño que se resista a un entramado clarísimo en el que la indefensión es absoluta por parte de las madres separadas de su hijos. Evidentes secuestros con patada en la puerta, donde la policía se presenta de forma más que violenta para llevarse niños, ante la resistencia de la madre, que se defenderá como pueda, y ante cualquier reacción (lógica) "molesta" será psiquiatrizada al más puro estilo Frances Farmer.

A la fuerza y por las malas, así se están aplicando unas leyes que benefician únicamente al Estado y en las que no se contempla en absoluto el bienestar del menor. Cabe meditar por qué Gallardón insistió tanto con el tema del aborto: España necesita niños. Cada niño "desamparado" y tutelado por el Estado es una fuente de ingresos privada que alcanza cifras asombrosas. Esto se encuentra a punto de estallar. Y por mucho que disfracen la realidad, explotará en sus narices en el momento más inesperado.