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DE UN PÁJARO LAS DOS ALAS
Viajar - 02 de junio de 2012
Escrito por Israel Benavides
 

Tengo los pies llenos de arena y espuma del Atlántico. Me acomodo sobre las ruinas de un fuerte español que se alza en un recodo de la playa y vuelvo a leer el folleto turístico sin entender de qué isla en concreto me están hablando:

 […] aparece a los ojos del viajero como un paraíso rendido en las faldas de mar. Descubierta por Cristóbal Colón en la última década del siglo XV, pertenece al grupo de las Antillas Mayores. Muy pronto comenzó en ella la colonización española, utilizando la fuerza de trabajo de los aborígenes, los cuales fueron explotados en condiciones brutales en el sistema de realengos. Pese a los alegatos del Padre Bartolomé de las Casas frente a la Corona Española, estos maltratos se mantuvieron y muy pronto la isla empezó a producir productos agrícolas para la metrópolis, principalmente azúcar de caña y, en menor escala, café y tabaco. Con el devenir del tiempo también se desarrolló la industria ronera. En la actualidad el turismo ha desplazado a la agricultura en su importancia económica, aunque en la isla se siga produciendo café de alta calidad y rones de renombre internacional.

Situada en la vía marítima que comunica América, Europa y África, su carácter fue moldeado por su tráfico continuo con el mundo exterior. Denominada  “La Perla de las Antillas” fue disputada como tesoro por navegantes, corsarios y reyes europeos durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Para rechazar los ataques desde el mar, tuvo que acorazarse como un navío guerrero, protegido por fuertes y bastiones. La Corona Española hizo levantar el Castillo del Morro sobre un montículo que controla la entrada de la bahía de la capital, lo que le permitía en control del acceso al puerto y que hoy en día le da una fisonomía inconfundible. Exceptuando ocupaciones británicas durante el siglo XVI, la soberanía española se mantuvo sobre la isla hasta finales del siglo XIX cuando pierde sus poderes coloniales durante la guerra Hispano-Americana de 1998…”

En realidad existen tantos paralelos históricos, geográficos y culturales, que la descripción del folleto, aunque fue escrito para Puerto Rico, muy bien pudiera haber sido redactado para Cuba. A lo largo de casi todo el siglo XIX hasta el final de la guerra hispano-estadounidense, Puerto Rico y Cuba fueron las dos últimas colonias españolas en el Nuevo Mundo*. Por ello, al fundar José Martí el Partido Revolucionario Cubano, incluía entre sus objetivos el fomentar también la independencia de Puerto Rico.
Ambas capitales, San Juan y La Habana, exhiben con orgullo su título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, otorgado por la UNESCO, y la cúpula de su capitolio puede ser vista por los barcos que entran al puerto. Incluso algunas fortificaciones coloniales en ambas ciudades fueron supervisadas por el mismo jefe militar, como es el caso de O´relly. Caminar por el Viejo San Juan, es ver La Habana Vieja en miniatura. Las calles de adoquines y edificios coloridos del Viejo San Juan han sido restauradas con esmero de relojero hasta en la más diminuta de sus esquinas. El centro histórico boricua se alza en la Isleta de San Juan y se conecta por puentes con la isla principal de Puerto Rico.

Cuando recorrimos el Fuerte de San Cristóbal de San Juan, me parecía estar pisando las viejas piedras del Castillo de San Salvador de la Punta en La Habana. Muy semejante a su homólogo habanero, el Castillo San Felipe del Morro de San Juan se construyó  a finales del siglo XVI, y todavía hoy es símbolo de la capital y del país. Es todo un trabalenguas el hecho de que la fortaleza habanera se llame “Castillo de los Tres Reyes del Morro”, pues en realidad existen tres castillos del Morro: el tercero, San Pedro de la Roca, se alza a la entrada de la Bahía de Santiago de Cuba.

La barriada del Condado de San Juan, donde quedaba nuestro hotel, no podía ocultar su semejanza con el Vedado habanero, salvando quizás la gran diferencia geográfica de que en la urbe boricua una cadena de playas adorna el paisaje urbano.

Puerto Rico es un caso muy especial para los amantes de las estadísticas. La isla sería el Estado más pobre de los Estados Unidos, si se le mira como miembro pleno. No obstante, si se toma como país independiente, tiene el ingreso per cápita más alto de toda Latinoamérica, gracias a sus privilegiados vínculos comerciales con el resto de la Unión Americana. Su estatus oficial es el de “Estado libre asociado”** lo que por un lado le da al país muchas prebendas económicas, migratorias y sociales con respecto a los EE.UU. y por otro, le permite mantener su idiosincrasia latina y su idioma español en una isla donde apenas el 30 % se considera bilingüe.

A modo de chiste, los boricuas comentan que tienen las mujeres más felices del mundo, pues precisamente en esta pequeña islita es donde la gran industria farmacéutica norteamericana produce la Viagra, gracias a ventajas fiscales que ofrece el territorio. Súmesele a eso la floreciente industria ronera, la música borinquen y las abundantes fiestas populares en el calendario de Puerto Rico, y no es difícil entender que el chiste incuba un gran porcentaje de verdad.

Otra curiosidad local es que en Borinquen, como el transporte urbano es ínfimo, circula un auto por cada dos habitantes. Por su parte, los taxis son verdaderos minibuses de proporciones exageradas, mientras la islita ostenta una impresionante infraestructura vial.

Pese a sus reducidas dimensiones, Puerto Rico ofrece una amplia gama de paisajes y atracciones naturales. Obligatorio para todo viajero es El Yunque, una de las primeras reservas naturales del Caribe y la única selva tropical dentro del sistema de parques nacionales de los EE.UU. Cuando visitamos este bosque pluvial con sus maniguas y montañas pudimos notar que casi siempre está cubierto por una espesa neblina, a espaldas del sol radiante que reinaba en las playas que se divisaban en el horizonte. Por eso aunque la montaña de El Yunque sea la más alta de Puerto Rico  (1 080 m), su cima puede ser vista en pocas ocasiones. La demarcación sol-lluvia era tan precisa como lo abrupto del cambio de vegetación. Aquí, entre cascadas, helechos arborescentes y numerosos manantiales de montaña habita la ranita coquí, el símbolo acústico de Puerto Rico. Como es tan diminuta y siempre se enmascara en la espesura, no pudimos verla o fotografiarla, pero igual de difícil era no oír su típico croar “co-qui” que le da su nombre. Solamente las ranas machos son las que cantan, para atraer a la hembra.

Otra atracción, que proporciona jugosas ganancias, son las lagunas bioluminescentes. En noches oscuras y sin luna, fuimos remando en kayak para observar cómo los microorganismos del agua producen pequeños destellos luminosos cuando su espacio acuático es “invadido” por cuerpos intrusos como nuestras manos o nuestros remos. Sin embargo el encanto se rompe cuando el fenómeno natural se convierte en producción en masa para la industria turística y hasta 100 botes circulan al mismo tiempo por el estrecho canal entre manglares que conduce a las lagunas fosforescentes en la zona de Fajardo.

Aterricé advertido sobre la elevada criminalidad en la islita, pero San Juan no resultó ser tan inseguro como yo esperaba. Río, Bogotá, San José de Costa Rica y hasta barrios de la propia Miami son mucho más peligrosos. En Borinquen reina un ambiente tipo Yucatán, muy relajado, con policía turística en la playa, donde uno puede meterse en el agua sin temor a que le roben sus pertenencias en la arena. Paseamos día y noche sin problemas, tomando, como es lógico, las precauciones normales que uno siempre debe observar en cualquier lugar.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención en Puerto Rico no fue el encanto colonial del viejo San Juan, la modernidad de el Condado o la belleza de sus playas tropicales. El atractivo principal de la isla son sus boricuas, esa gente tan campechana, alegre y atenta. En cada comercio, cada oficina o cada restaurante es muy fácil el establecer una conversación que muy pronto excede la compra en cuestión, para convertirse en un acto de hospitalidad. Una constante acompañaba esas conversaciones espontáneas. Muy pronto los boricuas dejaban salir a flote una conocida frase: “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”.

Marzo 2012

 * En 1898, durante la guerra hispano-estadounidense, Puerto Rico fue invadido y se convirtió  en una posesión de los Estados Unidos. La moneda fue cambiada del peso puertorriqueño al dólar estadounidense. En 1900 la Ley Foraker estableció un gobierno civil, y la Ley Jones de 1917 le otorgó la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, lo que preparó el camino para la Constitución de Puerto Rico y el establecimiento de elecciones democráticas en 1952. Aunque sus leyes son paralelas a las de Estados Unidos, Puerto Rico tiene su propio equipo olímpico. El más alto rango político en Puerto Rico es el de gobernador, quien está sujeto al presidente de los Estados Unidos.

** El estatus de Estado Libre Asociado (ELA), creado por una asamblea constituyente y ratificado como gobierno en 1952, es para muchos el de una colonia. El debate político gira aún entre tres variantes, ya sea la independencia total, el ELA con mayor soberanía o la anexión completa a EE.UU. Se han realizado tres plebiscitos, en 1967, 1993 y 1998, donde ha prevalecido la opción ELA, aunque últimamente no ha alcanzado una mayoría absoluta. Actualmente se desarrolla un movimiento en Puerto Rico para convertir la isla en una república asociada y se va a llevar a cabo un nuevo plebiscito.