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Manolo Tena, fuego en la piel
Cultura - 06 de abril de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

"Acabamos poniendo a un tío maniatado en el escenario, como si le hubiera dado una paliza la represión, y estábamos todo el rato diciéndole al público que lo soltaran. Hasta que el público no aguantaba más y subían a desatarlo. También, parte del público era nuestro, entonces nos quitaban los instrumentos, se los dejábamos, y tocaban ellos".

Así hablaba de su primer grupo "Cucharada" (1977), una expresión de protesta antifranquista. Manolo Tena, un referente de la movida madrileña al que Carmen Ordóñez llamó "Manolo Pena" por su aire tristón.

Colaboró con los grandes, puesto que él era grande. Arrasó con aquella "Sangre española" que nos ha dejado a solas. No hace mucho me decía un amigo que hay que ir recogiendo. Pero una no cuenta con pérdidas tan tempranas.

En 1978 grabó su primer single "Social peligrosidad", un tema contra la famosa "gandula" (ley de vagos y maleantes). La canción fue prohibida, junto con otras, también suyas (Quiero bailar el rock and roll, Esta Noche), estas dos últimas consideradas apología de la marihuana.

En el año 94 participa en el disco de apoyo a Amnistía Internacional, contra los homicidios políticos y las desapariciones. Manolo era un tipo comprometido y afable que vivía su propia y eterna recuperación. Se refería a sí mismo como "un gran superviviente", que sin duda alguna, ha sido hasta el día de hoy.

Reapareció el año pasado con un último álbum: "Casualidades".

Escribió dol libros y ganó cinco premios, a saber:

  • 1993 Nominado al Goya a la mejor B.S.O. por Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
  • 2001 Premio "Mejor Artista - Categoría Rock" en la 5ª edición de los premios de la música.
  • 2003 Premio de la Orden de Saurí, máxima distinción del Gobierno de Panamá
  • 2008 Doble disco diamantes
  • 2015 Premio Latino de Oro al mejor compositor

Aunque todo esto sería lo de menos, puesto que su muerte está de más. Un golpe tan bajo como el que conceden esas sorpresas feas que te dejan primero con cara de idiota y luego te hacen llorar.