Publicidad
Publicidad
Quién es Pablo Blas
Cultura - 03 de mayo de 2013
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 
Tenemos La Palabra- ¿Quién es Pablo Blas ?
Pablo Blas- Soy un escritor. Nada más. Soy el autor de dos novelas.
TLP- ¿Las considerás novelas policiacas? ¿No velas negras? ¿Biografías? ¿Biografías negras?
PB- Son diferentes. En la primera me baso solo en un rumor asi que yengo más libertad para inventar la trama, el argumento. Pero los personajes son muy vulgares. En la segunda es al revés. Me baso en un caso real y en una investigación oficial. Tengo poco margen en la historia pero los personajes son mucho más interesantes.
TLP- ¿Tienes alguna preferencia?
PB- Estoy orgulloso de las dos pero me gusta más La señal de Caín porque los personajes dan más juego. Son más inteligentes, más complejos, más profundos. Los personajes de Escrito en un libro son mucho más simples y me interesan menos. Al ser personajes más ramplones son más parodiables y eso hace que sea un libro más burlón, más cómico. Para mi Escrito en un libro es una farsa mientras que La señal de Caín es una novela de amor.
TLP- ¿No te gusta ningún personaje de Escrito en un libro?
PB- Me gusta Mirta. La metí con calzador, quizá apreté un poco las fechas pero quería que estuviera.
TLP- ¿Y de La señal de Caín?
PB- Adoro a Romy, supongo que como casi todos. También me gusta el juez. Creo que me quedó muy humano, muy cercano, muy de verdad.
TLP- La estructura es parecida en los dos libros.
PB- Sí, en los dos hay una primera parte que es una biografía. La segunda parte es más novela policiaca. Se trata de meter un crimen en una biografía. Si lo haces bien, todo encaja y el lector se lo cree.
TLP- Pero escondes el crimen.
PB- El crimen tarda en ocurrir. Me gusta que llegue cuando el lector no lo espera. En la vida real los crimenes llegan por sorpresa. No ocuren en el primer capítulo.
TLP- Y al final, un epílogo.
PB- De Escrito en un libro lo que más me gusta es el Epílogo. Quise hacer algo parecido aunque quizá el de La señal de Caín no es tan redondo.
TLP- ¿Tuviste algún miedo al escribirlos?
PB- Con Escrito en un libro tuve miedo de que me mataran, directamente. También tuve las dudas e inseguridades del novato. No sabía bien qué iba a salir. Al final creo que salió bien y éso me dio confianza para escribir La señal de Caín, que es un libro tecnicamente más difícil.
TLP- ¿Por qué más difícil?
PB- Es una mezcla de novela negra y novela de amor. Y no trato de crear un contraste sino de crear un paralelismo complementario. Además, toda la historia es demasiado trágica, los protagonistas son demasiado bellos, todo es demasiado romántico. Tuve que ponerme coloquial, bromear, meter palabrotas...De lo contrario el libro hubiera sido demasiado pastelón. Es un equilibrio muy difícil. Además es otro país, otra cultura...
TLP- Me sorprende que, a tu edad, escribas sobre cosas que pasaron en los años 60.
PB- La actualidad me parece una vulgaridad, una horterada. Lo antiguo me fascina, el encanto del pasado me atrae mucho. Pero no es un pasado remoto, no es un pasado que me resulte ajeno. Las parejas  protagonistas de las dos novelas son de la edad de mis padres. Les puedop imaginar perfectamente, puedo ponerme en su lugar. Esa distancia de unos 40 años me parece la perspectiva perfecta. No estás demasiado lejos ni demasiado cerca.
TLP- Algunos cambios han sido increibles.
PB- Se fumaba en todas partes, por ejemplo. Era impensable que una mujer dijera una palabrota. Un tipo podía ser el Rey  o podía ser estrella de cine pero si iba en coche y quería hacer una llamada tenía que buscar alguna cabina o meterse en cualquier bar. Imagínate que eres camarero en un bar de mala muerte y un día para un cochazo en la puerta y se baja un ministro, Butragueño o Monserrat Caballé y estra para hacer una llamada. Hoy nos suena ridículo paro hasta hace 20 años esas cosas ocurrían.
TLP- Sabes un montón de cine, ¿no?
PB- No, no te creas. Hay géneros enteros que no me van nada: las de terror, las del oeste...En general, me gustan las pelis antiguas porque, mejores o peores eran adultas. A finales de los 70 y primeros 80 los productores se dan cuenta de que hay un filón que es el público adolescente y todo se pueriliza.