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Sonkgran: El día de la excepción
Viajar - 07 de junio de 2014
Escrito por Israel Benavides
 

Bangkok amaneció en estado de sitio (*). Las calles, menos transitadas que de costumbre, exhibían las rejas de negocios cerrados y algún que otro cartel publicitario que alguien olvidó guardar. Hasta el bullicioso restaurante de la esquina, punto obligado para los amantes de la sabrosa comida local, ha amanecido en silencio. Por su parte, los niños esta mañana se han armado hasta los dientes. Los más pequeños portan armas largas y cortas casi en todas las esquinas. Los más grandes y los adolescentes desfilan a pie o en camionetas apuntándoles a los transeúntes y a los taxis que se atreven a circular por las avenidas de la inmensa urbe. Les disparan a todos los adultos, sin distinción de sexo o procedencia, con sus pistolas grandes y pequeñas, azules, rojas amarillas, verdes y de naranjas fosforescentes. Son pistolas de agua y el chorrear del preciado líquido se confunde con la risa de los niños y los gritos de júbilo en plena batalla campal de los unos contra los otros.

En una cultura donde a los mayores se les debe un especial respeto, hoy es el día de la excepción. Está permitido el tirarles agua, incluso a los turistas, producto de las conmemoraciones del Songkran, el año nuevo tailandés. A falta de una, los thais tienen tres fiestas anuales, pues celebran además el Año Nuevo occidental y el calendario chino.

La palabra Songkran en el idioma nativo describe el paso del Sol de una estación a otra, representada por animales en el antiguo calendario. Le encontré cierto paralelo con la Pascua cristiana, pues también se basa en el ciclo lunar y representa el comienzo de la primavera, que en el viejo anuario es el inicio de un nuevo ciclo. Para darle una fecha en el almanaque occidental se ha fijado del 13 al 15 de abril. Durante esos 3 días “pasados por agua” es imposible permanecer seco. Basta poner in pie fuera de casa para recibir un chorro de agua en plena calle, algo que ayuda a refrescar durante el eterno verano tailandés.. Por eso no me sorprendió que las agencias turísticas también le llamaran el “Festival del Agua”

Para los adultos es además una jornada de unificación familiar y de prestarles respeto a los mayores. Al atardecer del día 12 se limpian las casas. Es fecha de limpieza y renovación. El día 13 toda la familia va a los wats (templos) a rezar, poner incienso, flores y dar ofrendas de arroz, frutas y comida. Luego las figuras de Buda y los templos son “bañados”, pues la creencia popular afirma que el agua lavará la mala suerte de las personas. Los jóvenes visitan a los mayores, les llevan pequeños regalos y les demuestran su respeto echando en sus manos agua con flores de jazmín.

En algunas ciudades los monjes budistas incluso hacen procesiones para que todos los pobladores puedan lavar y perfumar las estatuas de Buda de su templo.

Yo tuve el privilegio de asistir a dos de los templos más importantes de Bangkok. El primero fue el Templo del Buda de Esmeralda, junto al Palacio Real, en el que el príncipe heredero fue a presentarle respetos a su dios. Tailandia es una monarquía constitucional, como algunos países europeos, donde el rey goza de una gran veneración. Abundan sus fotos por toda la ciudad y le ponen flores y ofrendas como a un dios. En los cines, antes de empezar la película, todos se ponen de pie cuando suena el himno nacional con un video sobre la vida del rey. Como el monarca ya está muy anciano, su sucesor es quien cumple ahora con las funciones de representación. Ese día la entrada al Wat Real es libre y en la ceremonia observé a muchos militares y a altos funcionarios con sus uniformes de gala que fueron a rendirle homenaje a su alteza.

El segundo templo fue el Wat Puh, donde se encuentra la estatua bajo techo más grande el mundo, un buda de 40 metros de largo y 15 de alto, tan grande que apenas cabe en el recinto. En los jardines del templo una hilera de creyentes portaba pequeñas vasijas de metal con las cuales iban rociando las estatuas de buda alineadas en el patio y luego dejaban correr agua y flores en las manos de los sacerdotes, que, sentados en fila, iban rezando en voz baja y saludando a los creyentes.

En otro patio del templo, los creyentes levantan pequeñitos castillos de arena, los chedis, los cuales se adornan con cintas de colores y flores. Luego la arena es llevada a su lugar de origen. Los chedis representan todo el polvo acumulado en los zapatos en su recorrido de todo el año.

En los jardines posteriores de ese mismo templo se encuentra además la escuela central del célebre masaje tailandés, cuyo título es valorado en todo el mundo. A solo unos pasos del bullicio del Songkran, todo era silencio y armonía. Los sacerdotes enseñan aquí el arte del masaje basado en los canales de energía del cuerpo humano. Los simples mortales también pueden darse un masaje en la escuela, pero la demanda es tal, que los turnos para cada día se agotan enseguida.

Unos cuentan que en las aldeas tailandesas la costumbre de echar agua para desear buen augurio se fue extrapolando de las estatuas de buda a las personas, y sobre todo los jóvenes enamorados acostumbraban, durante las celebraciones, a rociar con agua a sus amadas y simpatizantes. Sea cierta o no esa versión, el hecho es que las tradicionales vasijas rituales dentro del templo han derivado en modernas pistolas de agua fuera del templo y es imposible transitar por la calle sin recibir un inesperado chorro de agua, seguido de las risas infantiles que acaban de disparar desde los más impensados escondites o desde camionetas que transitan por doquier. El arsenal acuático no se limita a las pistolas de agua: todo recipiente sirve.

Incluso pude ver cómo una estación de bomberos, al norte de la ciudad, fue ocupada por una prole infantil que utilizaba las mangueras de los carros de bomberos para armar una fiesta de espuma en plena calle, de la cual no se salvaban ni los autos que circulaban por la vía.

Esas batallas donde se tiran baldes y jarros de agua han inspirado también la innovación mercantil. Por un lado florece el comercio de pistolas de agua y todo lo que sirva para disparar el líquido y por otro se venden todo lo que sirva para protegerse de esos mismos disparos, desde carteras transparentes para los teléfonos móviles, hasta sombrillas y capas para las personas.

Sin embargo, donde el Festival del Agua alcanza su Apoteosis es en la Silon Road, una avenida sobre la cual también circula el Sky Train, el metro-elevado que zigzaguea por la parte moderna de Bangkok. Desde lo alto de la estación del metro pude ver cómo cientos de miles de adolescentes se tiraban agua y talco o polvo de arroz, el cual es lanzado en esos días como portador de la buena suerte o se usa para pintarse la cara. El resultado es una calzada devenida en lago de aguas lechosas, donde tiene lugar durante 3 días una enorme fiesta a cielo abierto. Allí cada grupo tiene su propia música y los gritos de euforia de los jóvenes esperando un año mejor opacan el chillido de las ruedas de los trenes del metro.

De regreso al hotel, puede observar a dos niños pobres, de cuyos hombros colgaban unas pistolas de agua más grande que ellos mismos. Regresaban a casa con el cuerpo y la ropa anegados de agua y la picardía iluminándoles el rostro. Es el Songkran. Es el día del agua, de las sonrisas y de la esperanza. Es el día de la alegría, el día de los niños.

Abril de 2014


*=> Apenas un mes después de estas notas sobre el Songkran, la ciudad de Bangkok amaneció bajo estado de sitio de verdad, que luego devino en Golpe de Estado con la implantación del estado de guerra y la suspensión de las garantías constitucionales. A veces la realidad excede a la fantasía.