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El encanto de Santa Fe
Viajar - 09 de junio de 2012
Escrito por Israel Benavides
 

AMOR A SEGUNDA VISTA

En realidad, la tarjeta de presentación no era deslumbrante. El viejo aeropuerto de El Dorado, donde aterrizó nuestro avión, pedía a gritos un relevo, pero la construcción del nuevo aeropuerto internacional, cuyas primeras estructuras prometen un diseño futurista, habían sido paralizadas porque el alcalde de turno robó los fondos públicos destinados para ello, algo no inusual en Latinoamérica.

Otro tanto ocurrió con el dinero para renovar la calle 26, que comunica el aeropuerto con el centro de la ciudad. Sin embargo, la acogida que me dieron los colombianos no pudo ser más calurosa y sincera. Los bogotanos emplean el adjetivo “querido” para denominar a alguien que es atento, chévere, buena gente, agradable. Y en cuestiones de amabilidad, ellos son campeones mundiales. Nunca antes estuve en un país donde el buen trato al prójimo fuera elevado a la categoría de deporte nacional.
 
Escoltada por las montañas verdes de la Cordillera Oriental, Bogotá se escurre como un ancho río entre las colinas del Altiplano cundiboyacense. Se mantiene todo el día bajo un fresco de unos 20 grados que obliga tener un abrigo a mano para cualquier imprevisto. Lo moderado de su clima se debe a que se encuentra a más de 2 000 metros sobre el nivel del mar. Y hasta estas alturas se atrevió a llegar un día Gonzalo Jiménez de Quesada, quien persiguiendo la quimera del Dorado, fundó en el 22 de abril de 1539 la villa de Nuestra Señora de la Esperanza, que luego pasó a llamarse Santa Fe de Bogotá. El nombre fue cambiado, hasta que obtuvo en el año 2000 la denominación oficial de Bogotá Distrito Capital.
 
Para conocer la historia de la ciudad, nada mejor que acercarme al barrio histórico de la capital, denominado Candelaria, Aquí se encuentra la Plaza Bolívar, el corazón de la ciudad, que marca justo el lugar de la plaza principal cuando la fundación de la villa. Dominando la plaza ostenta su fachada la Catedral Primada de Colombia con su enorme portón central para que pasaran los virreyes y gobernadores, escoltado por dos grandes puertas laterales para las damas y caballeros, y más afuera,  casi imperceptibles, dos puertecillas en las esquinas del edificio para los indios y la servidumbre.
En la misma acera este de la catedral levanta su fachada barroca el Palacio del Cardenalicio,  un monasterio católico donde han dormido cardenales, obispos e, incluso, el papa.
En la acera opuesta, al oeste, me llamó la atención un edificio en estilo francés que, entre otros usos, acoge las oficinas de la Alcaldía de Bogotá.
 
Sin embargo las otras dos aceras de esta plaza son las que más han marcado la historia reciente de la capital colombiana. En la parte norte se encuentra el Palacio de Justicia, uno de los edificios tomados por los rebeldes durante el famoso Bogotazo de 1946, cuando la muerte del líder popular Gaitán desató una ola de violentas demostraciones de protesta. Medio siglo más tarde, sustituido el viejo edificio por uno más moderno, volvió a ser blanco de atentados. El 6 de noviembre de 1995 un comando del movimiento 19 de abril  M-19 asaltó el palacio y tomó a varios magistrados de rehenes. El altercado terminó con un saldo de 88 muertos y 11 desaparecidos. Las trifulcas parecen no haber terminado del todo. Durante mi paseo pude ver numerosos grafitos políticos en sus paredes que están protegidas por altas vallas y un seguridad policial perenne.

La fachada sur de la plaza nunca falta en los noticieros de TV. Aquí habita una raza especial llamada “los políticos”, que son elogiados o criticados a diario por los comentaristas de prensa. Nos encontramos frente a la sede del Congreso de la República y del Senado de Colombia. Siguiendo por esa calle lateral en dirección sur se encuentra el edificio más protegido y vigilado del país: el Palacio de Nariño, sede oficial del presidente de la República.
 
A tiro de piedra de la Plaza Bolívar se encuentran, entre otros: La Casa de la Moneda, el museo del famoso pintor y escultor Botero, el Centro Cultural García Márquez, la iglesia museo Santa Clara, el Teatro Colón, y numerosas universidades, bibliotecas, centros culturales, teatros y museos.