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Tres vidas, dos países, un día
Viajar - 06 de septiembre de 2011
Escrito por Israel Benavides
 
8:00 p.m. - Tel Aviv, Israel,  territorio gobernado por el parlamento judío
 
Al regresar por la tarde de mi excursión a Jerusalén y Belén, el espejo del lobby de mi hotel me jugó una mala pasada. Al pasar junto a él, me di cuenta de que llevaba demasiados días sin cortarme el pelo. Necesitaba un pelado urgente para no seguir compitiendo con la estampa de Robinson Crusoe. Decidí ir a una barbería que había visto al doblar del hotel y aún estaba abierta a aquellas horas de la noche. Cuando llegué, el salón ya estaba vacío. Con toda seguridad era poco antes de la hora de cerrar.
—¿Cómo quiere que lo pele?
Me atendió un muchacho menudo y sonriente que hablaba el inglés con fuerte acento hebreo. Empezó a pelarme y muy pronto entablamos la consabida conversación barbero —cliente que en medio planeta alcanza la dimensión de consulta psicoanalista. Enseguida supe que se llamaba Tir y que acababa de cumplir los 28 años.
—Creo que voy a ser su último cliente del día —le comenté.
—Del día y del mes —me rectificó.
—¿Del mes? —indagué asombrado—, pero si este mes de junio recién comienza.
—Sí —me explicó—, pero a partir de la semana próxima voy a servir en el ejército.
Así supe que en Israel existe el servicio militar y es obligatorio para hembras y varones cuando terminan la educación preuniversitaria. Según el caso, este servicio puede durar uno, dos o tres años. Además cuando se incorporan a la vida laboral deben cumplir un mes de servicio al año hasta que cumplen los 40. Eso explica cómo un país de apenas ocho millones de habitantes, pueda tener dos millones de hombres sobre las armas. Los ciudadanos israelíes de origen árabe no tienen que prestar servicio, pues eso sería combatir a sus propios hermanos palestinos. También a los judíos ortodoxos los liberan por razones religiosas.
—¿Entonces todos los demás jóvenes israelíes van al ejército?— quise saber.
—Bueno —reconoció—, hay excepciones. Algunas familias ricas mandan a sus hijos a estudiar a Europa o a los Estados Unidos para evadir la vida militar. Por otro lado, si en una familia apenas les queda un hijo varón porque los demás han muerto en combate, al sobreviviente lo eximen del servicio militar para que la familia pueda perpetuar su  apellido. A mi novio le mataron el hermano, por eso él no tiene que ir al ejército. Yo lo dejo cuidándome la casa y los perros cuando me voy para el regimiento.
Me asombró que él mostrara de forma tan abierta su homosexualismo en el país de los judíos ortodoxos y los fundamentalistas islámicos.
—¿Y usted no tuvo problemas para entrar al ejército?
—¿Por ser gay? — inquirió él, leyéndome el pensamiento.
—Sí —admití.
—Esto no es América —dejó de pelarme para hacerme un ademán con el peine—. En los Estados Unidos está la política del “Don´t ask, don´t tell”, por la cual no está permitido preguntarles a los soldados su orientación sexual y a ellos les está prohibida manifestarla, pero aquí es distinto. En Israel eso no interesa. Lo importante es que uno luche por su país. Además Tel Aviv no es Jerusalén. Aquí la gente es mucho más tolerante y muy abierta. Hasta tenemos el desfile del Orgullo Gay patrocinado por el propio alcalde de la ciudad.
 
Yo no salía de mi asombro. Por más que lo intentaba, no lograba imaginarme a aquel frágil muchacho de figura débil y ademanes tan suaves, que rayaban en lo femenino, portando un casco y un atuendo de guerra. ¿Cómo podría soportar las largas marchas y el duro entrenamiento con un fusil a cuestas? Bueno —pensé—, en el ejército también hay que cortarles el pelo a los soldados y en un regimiento grande seguro que no le faltaría nunca trabajo. Ya me lo imaginaba pelando a todo un batallón.
—¿Es usted también peluquero en el ejército? —Me aventuré a preguntar picado por la curiosidad.
—¿Yo? —se sonrió entre un tijeretazo y otro—. No, no. Yo allí uso mis ojos. Siempre he tenido muy buena vista y eso es muy importante para cumplir mi misión.
—¿Su buena vista? —yo estaba aturdido y no entendía nada—. ¿De qué misión me habla?
—Yo uso la vista porque soy francotirador —siguió narrando mientras me recortaba una patilla—. Puedo dispararle a un objetivo a cientos de metros sin fallar el blanco. Como vi que además tenía muy buen pulso, decidí luego hacerme peluquero, pues para cortar cabello también hace falta precisión. Estuve movilizado por tres años cuando la Segunda Intifada en Jerusalén. Desde entonces, cada año he servido por un mes en lugares diferentes. En 2008 estuve en la guerra al sur del Líbano. El año pasado me reubicaron en la Franja de Gaza. Mi misión era dispararle a todo aquel que se acercara a nuestras posiciones.
 
Me quedé sin palabras. Un nudo en la garganta me impedía hablar. ¿Cuántos palestinos habrían muerto bajo el gatillo de Tir? ¿Quizás incluso el vecino de Ahmed en Jerusalén?
 
Tir, notando mi turbación, me comentó.
—No fue nada fácil acostumbrarme a la idea de disparar sobre alguien, pero así es la guerra. Vas a matar para que no te maten y ese instinto de conservación es lo que te mantiene vivo. El mundo nos critica por ser tan severos con los palestinos. Es verdad que somos muy duros, pero muchos olvidan que los palestinos asesinaron a nuestros deportistas olímpicos en Munich, han secuestrado aviones matando incluso a extranjeros, han tirado cohetes a viviendas en la frontera,* han puesto bombas en Jerusalén y aquí en Tel Aviv, a solo tres calles de aquí, explotó en un bus repleto de civiles. Es un peligro muy fuerte para quedarnos cruzados de brazos. Por eso yo nunca fallo un tiro. La sangre que se derrame no puede ser la mía. ¿Esta bien el largo del cabello por este lado o quiere que le rebaje un poco más?
 
 Junio 2011
 
* 18 de agosto de 2011: Luego de un año de relativa calma, un grupo de terroristas llevó cabo un triple atentado contra la población civil israelí a 20 Km de Eilat. Cerca de esta ciudad balneario junto a las costas del Mar Rojo, en el sur de Israel, fueron ametrallados varios buses al mismo tiempo. La aviación israelí reaccionó enseguida con “bombardeos quirúrgicos” en la Franja de Gaza y mató al jefe militar de la organización terrorista islámica Comisiones de la Resistencia. Los extremistas respondieron con un misil de tipo Grad contra la ciudad fronteriza israelí de Ashkelon. Ambas partes reportaron muertos civiles y prometieron venganza. De nuevo escalaba la espiral de violencia en Tierra Santa.