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La cruzada de Peñagrande
Opinión - 08 de abril de 2017
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Se llamó Maternidad de la Almudena y a partir de ese nombre se cuestionaba poco. Solo los vecinos del lugar sabían que se trataba de un reformatorio para madres solteras situado en el barrio de Peñagrande, Madrid.

 

Y con ese nombre popular se quedó: Peñagrande. Aunque las menores institucionalizadas bajo el manto nazi del Patronato de Protección a la Mujer le llamaban Peñagorda, puesto que todas ingresaban embarazadas. Esos hijos del pecado machacados antes de nacer, y esas madres maltratadas, humilladas y explotadas en manos de las Cruzadas Evangélicas. Olvidadas durante décadas, escondidas entre ellas mismas, hasta que en 2012 se acabó la historia, puesto que se hizo visible.

-Si no eres egoísta y quieres a tu hijo, firma aquí. Nosotras tenemos familias dispuestas a adoptar que le darán una vida maravillosa. Tú no tienes nada. Eres una desgraciada.

-Golfa, zorra, puta. Has arruinado tu vida para siempre. Estás marcada. Firma.

-¿Quieres un espejo para ver cómo pare una perra?

-Si te diste el gusto, aguanta ahora el disgusto. Deja de gritar.

600 internas con sus hijos. Un edificio que tiene forma de cárcel, con sus galerías e incluso torre de control. Actualmente es un instituto de enseñanza media llamado Isaac Newton. Newton, el científico que destacó por sus trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica, moralmente resucitado entre los muros de Peñagrande, ha permitido que la verdad aflore en manos de los ex alumnos, por obra y gracia de su voluntad e interés.

En Peñagrande se robaron bebés hasta 1983. Muchas, presionadas por sus propios padres, firmaron aquellos papeles azules, muertas de miedo. Otras, asistieron al robo descarado en manos de las Cruzadas Evangélicas, que actualmente continúan extendiendo su sistema de adoctrinamiento en los centros de menores. La historia se repite con distintas formas, pero el fondo es el mismo.

Seguimos buscando. Buscamos sin hablar, sin pronunciarnos por el momento, en espera de que la verdad aflore definitivamente, y entonces, España entera se echará las manos a la cabeza. "Esta tierra la hicieron a golpes de martillo, y abrieron sus entrañas con pala y pico", cantaba Cecilia. A buen entendedor, bastan estas palabras.