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¿Qué pasa contigo, tío?
Opinión - 15 de enero de 2017
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Los vagabundos de la idea, mensualmente asistidos, no se la juegan por nada ni por nadie. Escriben a tiro fijo y están siempre cubiertos.

 

 "No puedo hacer nada, esto se nos escapa de las manos". Me lo dijo -textual y literalmente- un individuo, hace más de cinco años. Entonces no era yo más o menos estúpida que ahora, aunque sí inocente. Creía que la ayuda se presta sin más, por bonhomía, y que el camino a emprender no podía ser tan complicado cuando se va con la verdad por delante. Sin embargo, y tras muchas lecciones aprendidas, ahora sé que la verdad está detrás. Esa, la incómoda, la que nadie ha tocado hasta que decides meter el dedo en llagas recientes, más sola que la una y con casi todo en contra.

Hoy, el mismo sujeto, me acaba de "felicitar", y no es mi cumpleaños. Pretendía entrevistarme, y le he dicho que no. Con semejante negación se lo he dejado muy claro: Me escapo ahora, yo, de sus manos.

Del periodismo cobarde he aprendido mucho. "Soy un mandado", me ha dicho. Puede que tenga razón. Y es que los vagabundos de la idea, mensualmente asistidos, no se la juegan por nada ni por nadie. Escriben a tiro fijo y están siempre cubiertos. Desconocen el riesgo en toda su medida, no apuestan jamás, saben cómo hacer trampas, quedar bien, pelotear al relevante e ignorar al maldito.

Los "otros", son muy distintos. Se la juegan, plantan cara al director si es necesario, reconocen porque se saben, y son sabios. Arañan la parte más dura de la cáscara amarga, sienten contigo y hasta les he visto llorar. Recuerdo uno por uno, con nombres y apellidos. Profesionales, serios, rebeldes y atrincherados.

Quizá por eso te recuerdo hoy a ti. Y te hago un último favor: No doy tu nombre. Te doy lo que me enseñó alguien hace ya mucho tiempo: La espalda.