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María José Abeng
Opinión - 15 de septiembre de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Un juicio Salomónico en el que la administración yerra de forma tan cruenta como deshumanizada, cargando a todas las partes en busca de una razón que -como casi siempre- no contempla el clima moral del asunto.

Hablo de María José Abeng, la joven de diecinueve años que ingresó en un centro de menores siendo una niña. Con tan sólo once primaveras, por asuntos familiares que explotaron en sus múltiples desavenencias, la menor -que lo era-, entró en ese gran dispositivo supuestamente protector, donde el Estado extiende un variado menú de instituciones a elegir por asistentes sociales, educadores, técnicos y demás. El principio de una cadena que no finaliza hasta la mayoría de edad, debido a las grandes cantidades que el Estado otorga al centro, mensualmente, por niño tutelado: Hasta cuatro mil euros. María José, menor tutelada, queda embarazada a los catorce años, probablemente de algún compañero del mismo centro. Los mismos educadores reconocen que existe una gran promiscuidad. ¿De qué "protección al menor" se trata?.

María José da a luz un niño. Ni siquiera pudo verle. Se lo llevaron para ser adoptado sin el consentimiento de la madre, que lloró durante siete días. Le robaron a su hijo, y esperó a la mayoría de edad para empezar a luchar por él. Acudió a los Servicios Sociales, y ahí empezó su calvario. Su hijo fue entregado a una familia de acogida. Más tarde -también sin el consentimiento de la madre- se inicia un proceso de preadopción. La familia acogedora lo daba ya por suyo. Pero María José, ganó la batalla más complicada de su corta vida. Podría referirme a ella como "la madre biológica", pero me niego : madre solo hay una.

La entrega del menor se convirtió en un espectáculo dantesco por parte de la familia acogedora, que emitía gritos y sollozos en presencia del niño, cargado de brazo en brazo, con los ojos entreabiertos y sin entender nada de lo que estaba pasando. Los medios han dado una gran cobertura mediática al caso, y me pregunto por qué, puesto que no es una excepción: Sucede prácticamente a diario, se sabe, no se informa, y sólo en las redes sociales se desahogan las vícitmas con pelos, señales e incluso documentos. Quienes -los más osados, que somos pocos- hablamos alto y claro sobre el robo actual de niños en manos del Estado, somos cuestionados, negados e incluso amenazados.

Pero este caso concreto ha sido expuesto en las grandes cadenas. Ojalá sirva para que se abra el telón de una vez por todas, y el actual robo de niños estalle creando alarma social. Actualmente hay 47.000 niños tutelados en España, y la cifra aumenta con los días. María José Abeng ha recuperado a su hijo. Un niño que jamás debió estar separado de ella. Un niño que llegó al mundo para ingresar en un centro de acogida, como su madre. Cuando nació, ambos eran menores, y estaban supuestamente protegidos por un sistema redentor donde la palabra "desamparo" se pronuncia cientos de veces y se escribe asimismo sobre el papel.

Nadie amparó a María José cuando con los puntos de la cesárea, todavía tiernos, lloraba sin consuelo porque le habían arrebatado a su hijo. Menor por menor. No es sólo una cuestión de los pocos años que les separan, es una cuestión humana.

Los Servicios Sociales tendrán mucho que explicar y reparar. En este juicio Salomónico donde los errores administrativos, multiplicados, han colocado a una criatura de cuatro años ante un mar de confusiones.

El público, por otro lado, sentencia por su cuenta. Los datos de que disponemos parten de la prensa escrita y las televisiones. Esa información no siempre recta que juega a montar el circo lacrimógeno por excelencia. Un totum revolutum cuya turba agitada pretende matar al abogado, que es como cargarse al mensajero. A por el sistema. A por el juez. Desde principio a fin, a por un entramado que empezó robando un niño, y estas son las consecuencias. Un escenario contra natura en el que Salomón no es más que un mero aficionado.