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El portal de Belén de los Servicios Sociales
Opinión - 31 de julio de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

No está en mi ánimo barbarizar sobre historia alguna, excepto en el caso de quienes lo hacen con lo más sagrado: Servicios sociales y todas sus entidades derivadas. La turba de madres afectadas avanza con los días. Se están organizando.

El robo de niños legalizado que una inmensa mayoría desconoce; los grandes ágrafos sentimentales del país, que viven -todavía- con ciertas comodidades y se encuentran muy lejos de semejantes asuntos que consideran ajenos. El negocio está servido de otra forma, institucionalizado, mucho más allá de la marginalidad y cada vez más cerca, con vagos soportes circunstanciales que impiden la muestra de pruebas. El delito no se escribe ni se estampa: Se comete. Unos y otros funcionarios en cuyas manos se encuentra todo el poder administrativo para convertir cientos de miles de niños en "hijos del Estado".

Una mujer que aseguraba no haber conocido varón, quedó embarazada de un carpintero en paro. No contaron nunca con vivienda propia y vivían caminando. Ella dio a luz en un establo. Hacía mucho frío, y el bebé se calentaba con el aliento de una mula y un buey.

Llegaron los Servicios Sociales. La madre fue ingresada en un psiquiátrico, donde se le aplicaron medidas de contención debido a sus "delirios". Decía ser la madre de Dios. El niño apenas pudo estar unos minutos con sus padres. Se lo llevó la policía envuelto en una manta azul, camino de una familia de acogida. Dijeron que estaba completamente desamparado.

Sin embargo, la estampa de esa curiosa familia desestructurada y pobre, se expone en todos los despachos de la DGAIA, EAIA, IMAS y otras instituciones, el 25 de Diciembre de cada año como modelo celestial. Ante ella, cantan y rezan los niños del Estado, tocando la pandereta :

"Madre, en la puerta hay un niño
más hermoso que el sol bello
parece que tenga frío
porque viene medio en cueros.
Pues dile que entre y se calentará
porque en esta tierra ya no hay caridad.
Estando el niño cenando
las lágrimas se le caen.
Dime, niño ¿por qué lloras?
porque he perdido a mi madre.
Si usted me dijera dónde la encontrara
de rodillas fuera hasta que la hayara".