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DGAIA, un gran negocio encubierto
Opinión - 27 de junio de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

María Rosa tiene cuarenta y un años. Tomó la decisión de separarse del padre de su hijo por serios problemas mentales, además de drogas y alcohol. Se marchó de casa con su niño de dieciseis meses. Su entonces pareja, acababa de acoger un adolescente de trece años a través de una Asociación alemana llamada REE que paga mensualmente hasta casi dos mil euros por menor en acogida.

-La decisión fue solo suya, y lo hizo por dinero. Yo me negué, y al día siguiente me encuentro con el chico instalado en casa. La Asociación alemana no hizo ningún tipo de consulta o prueba, absolutamente nada. Se pueden acoger hasta dos menores. Basta con sumar para comprobar de las cantidades mensuales que estamos hablando.

Mi ex pareja decía ser educador. Ha trabajado en dos CRAES (Centros Residenciales de Acción Educativa). Le solicitaron la convalidación del título y no pudo presentarla, puesto que no es educador. Anteriormente había presentado documentación falsa.

María Rosa notifica al Ayuntamiento la situación, y le dicen que la loca es ella.

-Mi ex pareja tiene amigas en los servicios sociales, que contactaron conmigo tiempo después diciendo que mi hijo se encontraba en situación de riesgo. Los servicios de mujeres del Ayuntamiento me trataron fatal. Él había puesto una denuncia por la custodia de nuestro hijo. Mintió en los juicios. Afirmó no tener problemas mentales e insistía en que era educador. Su psiquiatra, Jordi Prat, declaró que no tenía problemas mentales mientras estaba tramitando una minusvalía por esos mismos problemas que negó ante el juez.

Y empezaron las amenazas. Él quería volver con ella a toda costa. Propuso que se fueran a vivir juntos a Suecia o Alemania. De lo contrario, activaría sus contactos en Servicios Sociales y más tarde en la DGAIA (Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia).

-Yo le denuncié. En dicha denuncia consta que bebe, se droga y se autolesiona. Pero la loca era yo. Me amenazaba con quitarme al niño. Dijo que si no volvía con él, empezaría por los Servicios Sociales y luego la DGAIA.

Sin embargo, lo que motivó una reacción demoledora fue el cambio de colegio del niño.

-Mi hijo decía que castigaban a los niños. Hablé con varias madres, que los sacaron del colegio. Los profesores también se iban. Más tarde supe que en ese colegio (María Ossó. de Sitges) hubo abusos sexuales durante diez años, y por supuesto que decidí cambiar a mi hijo de colegio.

Consulté en la Fundación Vicky Bernardet, pero dijeron no hacer prevención, sólo divulgación, y me dirigen al UFAM (Unidad Funcional de Abusos a Menores). Un año más tarde, dicen que yo tengo "preocupación mórbida". A raíz de la denuncia en la escuela y de acuerdo con el padre de mi hijo se inicia todo el protocolo de actuación.

Yo había consultado a la EAIA ( Equipos de Atención a la Infancia y Adoslescencia) del Garraf. Hablemos de tí -dijeron. Me hacen un test. Tú vas a tener la custodia, no hay problema -aseguraban.Querían incluso presentarse en mi casa.

La UFAM, entidad que consulté anteriormente, tenía los papeles del peritaje forense donde constaba claramente que estaba mentalmente sana. Los Servicios Sociales insistían en que María Rosa estaba loca. Puesto que se trataba de un error judicial, ya que no se presentaron los informes del peritaje forense y sí los de los Servicios Sociales, así lo expuso María Rosa. Sin embargo, la audiencia dijo : El padre está loco. La madre está loca. Llévense al niño. Y se extendió un expediente de riesgo.

-Me negué a entregar a mi hijo, incurriendo en desobediencia. No iba a entregar a mi hijo a los Servicios Sociales. Me pusieron en busca y captura. El padre de mi hijo colgó carteles por todo Sitges y Facebook : SE BUSCA, con mi fotografía y la del niño. Yo insistí en que se quitaran los carteles, sabiendo que podía ser detenida, y así fue. La propia jueza, sorprendida, exclamó : ¿Pero qué hace detenida si he deesetimado el caso hace dos meses?. No tiene que estar detenida.

Anuncié mi intención de viajar a Madrid con el niño para que no presenciara por más tiempo el circo que había montado su padre colgando carteles con nuestras fotografías por todo el pueblo. Se presentó la policía en Madrid. Una educadora a la que ni siquiera pude ver se llevó a mi hijo y yo permanecí treinta horas en el calabozo. Al salir, no me permitieron hablar con el juez. Solo puedo verle una hora cada quince días. Oficialmente nadie me ha dicho dónde está mi hijo.

María Rosa ha denunciado a la DGAIA oponiéndose al expediente de riesgo. Su abogado dice que es cuestión de tiempo. Mientras tanto, el niño implora : "Mamá, sácame de aquí. Mamá, dame una cosita tuya".