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Michelle Obama: Madre en Jefe
Internacional - 06 de marzo de 2009
Escrito por Lalo de la Vega
 
Sin ser artista ha sido catapultada al estatus de gran estrella. Sin ser política de profesión inauguró la Convención Demócrata con un discurso espectacular. Sin ser Top-Model habita en la portada de las revistas de sociedad, convertida en Icono de la Moda. Tiene su propio ritmo, su estilo y no pocas veces ha roto los parámetros en la moda, en la política y en la sociedad. ¿Cómo definir entonces a una de las mujeres más extraordinarias de nuestro tiempo?

“Es mi mejor amiga, la roca de nuestra familia, el amor de mi vida”. Así la presentó al mundo su esposo Barack Obama el 4 de noviembre durante el Discurso de la Victoria frente un mar de simpatizantes. El entusiasmo desbordaba aquel parque de Chicago la noche histórica de la elección del primer presidente afro-norteamericano.

Sin embargo, hacía ya muchos meses que Michelle Obama, Robinson de soltera, se había dado a conocer por sí misma. Sus intervenciones en los mítines dieron mucho que hablar en una campaña electoral de casi dos años. Fue un maratón sin precedentes por su repercusión mundial y por lo reñido de las decisiones.

Mientras su esposo inspiraba al mundo con sus aires de cambio, ella rompía los tabúes hablando en público sobre temas vedados al “buen tono” de la política oficial en Washington. Más de una vez puso a sudar a los asesores de la campaña Obama por no seguir al pie de la letra el texto que le habían dado para sus comparecencias.

La Dama Negra de la Casa Blanca.

Para muchos electores el candidato Barack Obama, hijo de una blanca de Kansas y criado por abuelos de clase acomodada en Hawai, no era “lo suficientemente negro”. Por eso Michelle era el complemento ideal. Ella sí cumple con el prototipo de los afro-norteamericanos marginados, que se abren camino a golpe de esfuerzo en la sociedad de los blancos ricos.

Nacida en Illinois el 17 de enero de 1964, Michelle tiene entre su ascendencia familiar a Jim Robinson, un esclavo negro de Carolina del Sur. La familia vivía en el sector sur de Chicago en la planta de arriba de un bungaló de ladrillo. Su padre, Fraser Robinson, trabajaba como operador de bombas en el Departamento Hidráulico de Chicago, y aunque le diagnosticaron esclerosis múltiple a una edad temprana, casi nunca faltó al trabajo. Su madre, Marian Shields Robinson, trabajó como secretaria y luego se quedaba en casa, para cuidar a sus hijas y prepararlas para la vida. Con el padre enfermo, Marian promocionó los estudios de Michelle y su hermana Craig. Por eso Michelle ha dicho “Si para Barack yo soy la roca de la familia, para mí mi madre es esa roca”.

Fue precisamente esta superabuela la que se hizo cargo mayoritariamente de las hijas de los Obama cuando estos andaban recorriendo el país durante su campaña. En la actualidad Marian también se ha mudado con la familia presidencial para la Casa Blanca en su nuevo rol de “Primera Abuela”. Por ello, no ha faltado un humorista que apunte con ironía: “lo histórico de Obama no es que sea el primer negro presidente, sino ser el primer hombre que voluntariamente quiera vivir con su suegra”.

Pese a vivir con las limitaciones de una familia pobre del sur de Chicago, Michelle terminó la escuela secundaria en 1981. Luego se dedicó a estudiar Sociología y Estudios afro-americanos en la Universidad de Princeton, donde culminó en 1985 con honores cum laude en el postgrado de Artes con la tesis “Princeton - Negros educados y la comunidad negra”. En 1988, Michelle se graduó de abogada en la Universidad de Haward. Fue en este famoso centro de estudios donde participó en luchas políticas, y reclamó que las autoridades universitarias empleasen a profesores de minorías étnicas.

De regreso a Chicago, conoció a Barack Obama en la firma de abogados SidleyAustin para la cual ambos trabajaban. Ironías de la vida: el actual presidente fue su practicante cuando ella ya era una abogada de renombre. Entonces él apenas empezaba sus tribulaciones en el mundo de las leyes. Barack, en aquel momento trabajador social, tuvo que pasar muchos aprietos para poder enamorar a Michelle. Finalmente la pareja se casó en 1992. De ese matrimonio surgieron las actuales First Girls: Malia Ann, de 14 años, y Natasha, de 11.

Además de su carrera de jurista, Michelle ha trabajado como comisionada asistente de planificación y desarrollo para el alcalde de Chicago, Richard M. Daley. Después fundó el capítulo de Chicago de Public Allies (Aliados Públicos), un programa de AmeriCorps que prepara a los jóvenes para el servicio público, donde asumió el cargo de directora ejecutiva.

En 1996, Michelle empezó en la Universidad de Chicago como decana asociada de servicios estudiantiles. Allí desarrolló el primer programa de servicio comunitario de la universidad. Como vicepresidenta de asuntos externos y comunitarios del Centro Médico de la Universidad de Chicago, promovió las actividades de los voluntarios en el campus y en la comunidad.

Juego de damas, ganan las negras

En un discurso durante la campaña electoral Michelle Obama pronunció una frase muy problemática: “Por primera vez en mi vida adulta me siento orgullosa de ser ciudadana de los Estados Unidos, no porque a Barack le vaya tan bien, sino por que veo que vuelve a renacer la esperanza”. Ella, nacida en una familia pobre del sur de Chicago, vivió en carne propia la discriminación racial. Luego trabajando en la Universidad de Chicago chocaba a diario con los problemas raciales de la ciudad. Súmesele a eso la política de Bush, repudiada en todo el planeta, y da por resultado ese sentimiento de

“vergüenza colectiva” que contagió a una amplia capa de la población norteamericana durante 8 años.

No obstante, esta frase le costó agrias críticas de Hillary Clinton, a la sazón oponente de Obama durante las Elecciones Primarias del Partido Demócrata, y de Cindy McCain, esposa de John McCain, el candidato republicano. Meses más tarde, durante la Campaña Presidencial, la candidata republicana a la vicepresidencia Sarah Palin usó este discurso de Michele para presentarla como “poco patriótica” ante la opinión pública. Esta polémica cubrió más de una vez los titulares de la prensa estadounidense y tuvo eco en el resto del planeta. El resultado ya todos lo conocemos: Michelle logró neutralizar el ataque de sus rivales y convertirse en First Lady, Primera Dama.

Madre en Jefe

La Primera Dama de los Estados Unidos es el título no oficial de la anfitriona de la Casa Blanca. Tradicionalmente ese rol lo desempeña la esposa del presidente, aunque hay habido excepciones. No es un cargo electivo, no posee obligaciones oficiales y no percibe salario. Sin embargo, debe cumplir ciertas funciones de carácter protocolario como acompañar al Presidente en viajes o recepciones oficiales, y participar activamente en instituciones de gobierno de índole benéfica o social. Por lo general apadrinan proyectos que no generan divisiones partidarias.

Ya Hillary Clinton había escrito historia al ser la primera First Lady que se ocupó directamente en los asuntos cotidianos de la vida política norteamericana y realizó campañas a favor del Presidente. Durante un tiempo se le dio un empleo formal y una oficina con personal en el ala este de la Casa Blanca para realizar las reformas en el sistema de salud. Este proyecto fracasó; sin embargo, Hillary siguió participando activamente en la vida política. Después de los 8 años de gobierno de su esposo Bill Clinton, Hillary fue la primera First Lady en convertirse en senadora. Además ha sido la única mujer en la historia con posibilidades reales de ser Presidente de los Estados Unidos.

Muchos esperaban que Michelle, por su gran preparación y su cometido político, tomara una posición similar a la de Hillary, pero la nueva Primera Dama tiene su propio estilo. “Yo voy a ser la Madre en Jefe”, dijo bromeando sobre el puesto de Comandante en Jefe del Ejército norteamericano que ahora ocupa su esposo. Se refería a que su prioridad principal es el cuidado y la educación de sus hijas. Quiere garantizarles que tengan una niñez lo más normal posible, lejos de las cámaras de los reporteros y los chismes de la prensa. Este es un cometido nada fácil para alguien tan en el centro de la vida pública del país y del mundo.

Además los Obama enfrentan la dificultad extra de ser ciudadanos que se mudan a la Casa Blanca directamente desde su vivienda privada. Tanto Ronald Reagan y Jimmie Carter, como Georg W. Bush (junior) y Bill Clinton ya habían sido gobernadores, y por ello estaban acostumbrados a vivir en la jaula de cristal de un palacio de gobierno. Si bien Georg H. W. Bush (senior) no había sido gobernador, había sido jefe de la CIA y vicepresidente. En todos esos cargos ya cada paso del político y su familia están reglamentados por un ejército de ayudantes de las más impensables profesiones. Con los Obama era distinto. Eran forasteros en el ambiente político de Washington y no estaban acostumbrados a vivir entre guardaespaldas las 24 horas. Además traían a la Casa Blanca a dos niñas en edad escolar, algo que no ocurría desde los tiempos de J. F. Kennedy, el presidente más joven que hayan tenido nunca los Estados Unidos.

No obstante, aparte de ser Madre en Jefe, Michelle ha manifestado sus inquietudes políticas. Ha realizado una gira visitando a sus nuevos vecinos: los empleados de los ministerios que circulan la Casa Blanca. Como madre y jurista, se ha comprometido con la reforma educacional que promueve el nuevo presidente. Además, quiere seguir trabajando en el apoyo a las familias con parientes en las fuerzas armadas y la asistencia a las mujeres que tratan de equilibrar el trabajo y la familia.

La dama negra se diferencia de sus antecesoras más por su forma de actuar que por el color de su piel. Ella sabe que más allá de la reja que rodea La Casa Blanca comienza la vida real, con la cual ella no quiere perder el vínculo. Por eso sigue rompiendo esquemas, le guste o no a los “grupos de intereses” del Capitolio. Sin duda, Washington la va a cambiar a Michelle Obama, pero Michelle Obama también va a cambiar a Washington.