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Las cuatro y diez,amigos para siempre
Internacional - 07 de septiembre de 2013
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Y era todo tan hermoso... Flores, sol, Barcelona... voluntarios uniformados que parecían estar al borde o a punto de cantar el gordo de la lotería, guapos, jóvenes, radiantes y felices. Olvidamos tantas cosas bajo el lino, arrancando las horas a mordiscos, bien vestidos, bien hallados, orgullosos, tan chulos y variopintos. Al fin delante del mar, la ciudad toda, que se mantuvo de espaldas durante tantas décadas.

Se supone que hoy hay que esperar a las diez.

La vista atrás no es fácil. El recuerdo entraña un peligro que sin duda pasó desapercibido. La imagen de otra persona que insistía en ser tú, adaptada a los tiempos, sentada en muy pocos cines, atrapada, conforme, cómplice del error.

Una pantalla enorme en la Pza Cataluña nos mantuvo pendientes de aquel señor catalán que hablaba tan mal francés, en paz descanse. Al pronunciar la ville, algunos incluso pensaron que podía tratarse de algún apellido. Puede que captaran el mensaje subliminal, tan insconsciente. Se tiró de apellidos que montaron empresas. Una de ellas, célebre lavandería que sólo duró un día. Uno. Lo justo para lavar tantos metros de ropa a la Fura dels Baus. Sociedades Limitadas a granel, ladillas, chupópteros, influencias, enchufes. Señores muy bien vestidos. Mujeres vestidas casi de señores. Freddie Mercury ha muerto, y el Liceo se quemó. El teatre de la mare, dijo la hija de Montserrat Caballé. Barcelona, Barcelona...

Algunos insisten en afirmar que fueron los mejores juegos de la historia. Conocí a muchas personas que nunca me gustaron , contemplé pequeñas y grandes fortunas, haceres, enseres y deshaceres.

A día de hoy, prefiero esperar de nuevo las cuatro y diez. Tengo amigos para siempre, de los de verdad. Tal es mi suerte. Volveré a faltar a clase de francés, tal vez con ello consigamos que otros aprendan a hablar inglés.