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Centros de menores
Editorial - 15 de noviembre de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Menores tutelados: La carne fácil. La carne un día inocente asaltada por el sistema que les acogió en sus brazos, más allá de la cuna, salvando del útero materno que fue cuestionado por pobreza, diferencia o sin más, por ser menos.

Centros de menores donde se les medica sin diagnóstico para que "no molesten", palizas, abusos sexuales, medidas de "contención", salas de aislamiento, correas, cadenas, humillaciones varias idénticas a las de un pasado reciente. Se hablaba entonces de "salas de reflexión y catarsis" mientras las monjas actuaban a conciencia. Las mismas monjas que ahora gestionan los centros. Pasaron del convento a otros menesteres regulados, con o sin su Dios, cobrando subvenciones estatales en manos de los servicios sociales y acuñando los métodos que forman el "modelo" vigente.

De cara a la galería, pasa poco. Que nadie se eche las manos a la cabeza: Nunca dejaron de hacerlo. Fue un salto benigno hacia el vacío legal que permitía el cambio. Solo el BOE no miente. En esa Biblia burocrática están todos los nombres, todos los hombres. Los malos, los buenos, los cómplices, los que permitieron desde el silencio y la desidia una larga cuenta atrás para continuar huyendo hacia delante.

Muy pocos metemos los dedos hasta el fondo de la llaga que todavía supura. Me dijeron en su día que nunca conseguiría nada. Que a nadie le importaba ya lo que sucedió con miles de menores que ya no lo somos y pasamos por aquellos reformatorios sin haber cometido delito alguno. Yo ingresé por pensar, y continúo pensando. Me veo, menuda y aterrada, tras la sombra de cada uno de ellos. Es una sombra corta que tiene idéntica memoria: La que pretende continuar oculta, pero aflora tímidamente en manos del gran poder, sin Cristo, pero armando el mismo que jalea con armas testimoniales.