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Feliz 2012
Editorial - 31 de diciembre de 2011
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Mi puño sigue en alto, pero la letra ha perdido su trazo. Esas pulsaciones diarias, incontables, que han escrito tanto, tanto, tanto ... Ese teclado que no toca otra cosa, el viejo perdedor.

Termino el año escribiéndole a un preso. Pienso en él. Y lo mejor de lo mejor, hoy es para esa persona cuyo nombre ha estado en boca de todo el país durante mucho tiempo. Pienso, también, en ese alrededor que ha conseguido concederme momentos felices. Uno de ellos ya es irrepetible: Madrid, centro cultural de la Latina. Allí nos reunimos un numeroso grupo de mujeres que pasamos por los centros de menores franquistas. Fue mucho más que un encuentro . Pura vida. Con ellas, sé que todo es posible.

También lo es contigo, Charo. Por eso, durante las últimas horas de este 2011, no puedo dejar de nombrarte. Eres una amiga para los restos. Un huracán que me ha devuelto esa alegría de vivir contra todo pronóstico. Auténtica, generosa, leal, y –sobre todo- humilde. Gracias por elegirme. Porque podrías haber escogido a otra cualquiera, pero me entregaste todos los secretos de tu vida para que la escribiera. Ha sido una biografía apasionante. Gracias por todo lo que hemos vivido juntas, y por lo que nos queda por vivir. Tú me has enseñado lo que es una “macandé”. Gracias, Charo Vega.

Gracias, Eva Carreño. Por seguir ahí siempre. Por atender mis cosas, los asuntos, las penas y tantas carcajadas. Gracias porque contigo se abrió hace ya mucho un mundo azul. Gracias por ser como eres, le pese a quien le pese. Nos vemos pronto las tres, como corresponde. Sólo son un par de horas de vuelo. Somos “mancandés”, nunca lo olvides.

Queda mucho por hacer. Sigamos adelante, que la vida –como cantan las Chamorro- nos regala doce meses. Feliz 2012.