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La razón impura
Editorial - 20 de agosto de 2011
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Esto no puede ser en el nombre de Cristo, ni de su Rey, ni del nuestro siquiera, aunque acompañe, reciba y colabore. Estos no son, pero están. A estos los han traído del mismo modo en que los llevarán de vuelta a casa. Estos vienen –muchos- de fuera, como quien llega a un concierto de rock –por cierto, los hay- representándose a sí mismos. Mochileros con custodia policial, que está muy claro. Convertidos ambos lados en bandas callejeras por las autoridades. Iglesia y Estado van a empezar de nuevo. Estos son los muchachos elegidos y concentrados de la derecha fascista, el volcán que erupciona en las calles de Madrid . Son los petardos oficiales del anuncio, habemus papa, acción por religión, reacción esquizofrénica, violenta, sobrada e incluso grosera, por la criminalización del laicismo. Sí, como en los viejos tiempos que al parecer no son viejos, puesto que regresa el terrible imponiendo su presión.

Estos cuentan con alojamiento y comida gratis. Como mucho, se comprarán un par de llaveros y un rosario, aunque en la feria de vocaciones del Retiro los regalan a cambio de alguna acción tipo ruleta de la fortuna. Sí, allí, 68 órdenes religiosas han colocado su stand, como en la feria del libro. Reparten folletos, regalan merchandising y hasta te puedes hacer una foto metiendo la cabeza en una monja de cartón que no tiene rostro, para que tú pongas el tuyo.

Estos cargan la misma bilis que los demás, pero en nombre de una cruz que salvaguarda sus palabras, y con guardaespaldas oficiales. Aplauden y jalean los porrazos como argumento del mártir, oh divina tortura, leña terrenal, que les den ...

Y ya no entiendo nada. El respeto perdido por ambas partes –incluso la que me toca- y ese norte perdido que no localiza su cielo protector. Justicia e injusticias, reivindicación particular, patio de todas las casas y las cosas donde no tiene que llover, tiene que llover, a cántaros...

Pienso, luego insisto. Aquí están, estos son, los muchachos del gran dios...