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Spellbound
Economía - 29 de julio de 2009
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

La Banca es un rey Midas que mide al milímetro sus posesiones, que no las facultades. Tanto tienes, tanto vales: Mas cierto que nunca.

La palabra no tiene precio, y en consecuencia, no vale nada. Para más INRI, cuidado con lo que dices, puesto que puedes ser más cuestionado que nunca, mas calumniado que nadie y la expresión parece formar parte del lujo, puro lujo de los egregios que no saben escribir, pero sí dictar.

Helena Valentí me dijo hace años: “Todos somos enanos, vivimos rodeados de enanos y los gigantes se esconden para reírse”. Fue una noche de excesivas copas, pero no he olvidado la frase. Ahora la retengo como si de una señal apocalíptica se tratara. Hemos dado muchas vueltas, a derecha e izquierda. Puede que en muchas ocasiones hayamos errado conscientemente. La juventud tiene la fuerza de un ciclón, aunque te arrase. Puedes correr, deber, no saber, equivocarte mil veces, pero eres joven, y resulta siempre comprensible. Es ahora, en este paisaje definitivo, cuando no hay medias tintas. Si apostamos por la tinta, no nos queda ni la buhardilla, estamos en la calle. Todo este proceso de crecimiento interior y-o personal al que tan poco tiempo dedicamos, nos ha hundido en el más negro de los pozos. Los incómodos sin camino, sin arraigo, sin nomina, sin propiedades, sin trabajo, con oficio y sin beneficio, hemos iniciado a la fuerza el viaje a ninguna parte.

Haciéndolo bien ha salido mal. Seguir en la brecha supone continuar con la herida abierta a riesgo de gangrena vital, no de un solo órgano: La soledad es definible, convivible, soportable para uno mismo, pero insufrible para los demás. Uno se desarrolla naturalmente, se hace personalmente y al final resulta ser molesto. Muy molesto. No por hablar demasiado, sino por hacerlo desde dentro. La belleza interior no pasa por quirófanos. Las paredes del alma son físicamente invisibles pero evidentemente sensibles. Puedes vestir como quieras pero se te vera siempre el plumero. La sombra del perdedor no existe. El fracaso no es más que una palabra sustituible a través del tiempo. No se hacia donde vamos, pero si por que. Cuando se detecta el talento y se descubre al sabio, se produce con ello el primer brote de una supuesta madurez. No existe mayor perdida que la de la propia libertad individual, ni mayor pena que la de la muerte del ser amado. Si estamos presos, estamos muertos. Se vislumbra lánguidamente esa celda personal, esa cárcel incondicional y esa forma de ser condenada de antemano por manos de dirigentes que van más allá del mismo dios. El poder todo lo mueve pero no debe poder con todos. Las minorías siempre serán la esencia, las últimas gotas de la apuesta final, digan lo que digan, hagan lo que hagan.

Porque nunca podrá cambiar el significado intimo de las palabras en toda su grandeza. Se puede ser rico, pobre, guapo, feo, bueno, malvado. Se pueden hacer muchas cosas, pero solo las consecuencias de lo autentico permanecen sobre la biografía de cada uno. Nada ni nadie, pase lo que pase, podrá cambiar el significado de la palabra RECUERDO.