Publicidad
Publicidad
El Pillowtalk de Zayn Malik es sexo guarro pero con amor
Cultura - 29 de enero de 2016
Escrito por Isaac Villavecchia
 

A Zayn Malik, en Pillowtalk, no le importa molestar a los vecinos si es follando; pero en la cama, con amor y a lo bestia.

 
No ha pasado ni un año desde que se retiró de la música dejando el grupo One Direction para sentirse "un chico normal de 22 años(...) lejos de la multitud" (¡OLÉTÚ, Zayn!) y nos presenta esta maravilla del erotismo que otra cosa no sé, pero desapercibido no le va a dejar pasar.

Arranca fuerte, el tema, y nada más empezar ya te suelta un "sube a bordo" (¿a la cama, cariño?) que vamos a ir lento, pero bueno... a buen ritmo (y no se refiere a terminar pronto, que dice We'll go slow in high tempo). Pero es que te lo dice con unos ojitos que animan a responder "¡PERO YA! ¡HAZME SITIO!"

Aunque musicalmente no mata (no a mi) el abanico de intenciones que despliega con la letra obliga a perdonárselo. Y es que salta a la vista que le ha puesto ganas e ilusión al video. Él, y su equipo. Y es que se nota que quien ha maquetado el video (Bouha Kazmi) se ha entusiasmado con los efectos, porque me juego el alma a que no hay ni un solo fotograma sin efectos especiales o filtros. Cosas de la fantasía, claro.

Y no sé si será cosa de sado, pero la goma para el pelo con que la chica (nada menos que su novia, la modelo Gigi Hadid) se aguanta la coleta no es una goma para el pelo, es una jodida cinta adhesiva de esas que uso para atar las manos a mis amantes (quiero decir, de las supongo que usaría si yo hiciera esas cosas) aunque imagino que no debe sorprender para quien la cama es lo mismo el paraiso que el campo de batalla (It's our paradise and it's our war zone) y que ve a la vez el dolor y el placer (I'm seeing de pain and seeing the pleasure).

Por lo que parece, en el video tenían que aparecer chuminos, porque aparece cada espatarrada que no me atrevería a calificar de ninguna manera por debajo de pornográfica, pero a la discográfica debió darle reparo miedo la cosilla esa que nadie estaría dispuesto a aceptar que existe actualmente y que no es otra que la censura, así que las vaginas han sido debidamente cubiertas con florecitas a manos del entusiasta Bouha Kazmi.