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Michelle Jiménez, la suerte de la fea, la guapa la desea
Actualidad - 08 de octubre de 2016
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Entró en Gran Hermano con la clara intención de ganar el concurso para ayudar a su madre adoptiva.

Su cuerpo es un espectáculo y su cara el mismísimo paraíso terrenal. Provoca envidias por donde pisa. No tuvo una infancia fácil. Sus primeros años parecen sacados de una novela de Dickens.

La cuidaban unos conocidos de sus padres, con los que vivía felizmente, hasta que apareció su familia biológica con intención de llevarse a Michelle a Portugal. Y así lo hicieron. La familia que la cuidaba corrió en su busca, encontrándola en un prostíbulo, sucia y cargada de piojos. De aquella niña pequeña se ocupaban dos prostitutas. Su madre biológica se encontraba enferma, y el padre veía un partido de fútbol. El matrimonio que la cuidaba en España (que se convirtieron más tarde en sus padres adoptivos) se la llevaron a Zamora cruzando por detrás la frontera de Portugal. Consultaron a la policía sobre la situación y estado de la niña, presentando un parte médico. El padre biológico solicitaba el regreso de su hija. Hubo juicios y más juicios hasta que -tras darle a elegir- Michelle decidió a sus padres adoptivos.

-Eran los que me daban cariño. Fui legalmente adoptada.

Curiosamente, Michelle Jiménez llegó a mí a través de María Calazza, también modelo, que actualmente atraviesa una situación terrorífica : Una denuncia interpuesta por sus propios padres ha supuesto la retirada de tutela de su hijo mayor, Thiago, por quien lucha desesperadamente. Injurias y calumnias vertidas sobre mujeres hermosas cuya profesión se pone en duda : Y es que la suerte de la fea, la guapa la desea.

Michelle ha sido juzgada por su físico desde que entró en Gran Hermano.

-Me han faltado al respeto -afirma-, me han juzgado sin tener la mínima oportunidad de conocerme siquera. Me han dicho que si parezco un travestí, que si yo quería mandar para cambiar la forma de llevar la casa...

Le duele especialmente que -"entre mujeres nos critiquemos sin piedad de forma obscena. Si hasta me han dicho que soy vieja y aparento muchos más años de los que tengo !"

Es modelo desde los quince años y quiere entrar de nuevo en la casa.

-En dos días no te pueden conocer. Yo habría sido una buena candidata. Se trata de una convivencia que entraña tareas diarias y un gran compañerismo.

La belleza acostumbra a pasar una elevada factura cuando se trata de trabajar o competir en cualquier ámbito. De la inseguridad a la envidia, las leonas aspirantes a cualquier tipo de galardón, sacan las uñas sin piedad. Palabras al oído, críticas, manipulaciones, sin tener interés alguno en la persona, excepto para destruírla. El clima moral del asunto permanece en segundo plano, atrapado entre las constantes zancadillas. Mucha suerte, Michelle.