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El robo de bebés actual
Actualidad - 30 de diciembre de 2015
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Se han hecho oídos sordos a una realidad atroz. Los servicios sociales extienden informes de desamparo y retiran tutelas de hijos a mansalva. Niegan cualquier tipo de ayuda a los padres y ofrecen familias de acogida -¿ De dónde salen?- previo pago mensual de 500 euros por menor. Cantidad destinada a los acogedores, que no a la familia biológica.

 


Se utiliza con tanto empeño la palabra "biológica" que su frecuencia asusta. Esa distinción pasa por robar hijos de forma legal. El derecho a ser madre deja de serlo en el acto, para cuestionar cualquier detalle que se considere perjudicial para el menor bajo una tabla social conductual y desafecta más allá de lo establecido. El poder está en sus manos, y con las mismas, arrebatan de cuajo a los recién nacidos, en la mismísima cuna del hospital.

Las cuentas no salen y solo existe una razón todo poderosa: Dinero. La criminalización de la pobreza, el último castigo. Más allá de lo elemental, el marginal. Acusado, incapaz, sometido y expuesto en cuanto pide ayuda: Ni servicios, ni sociales. Sin embargo, saben muy bien lo que hacen y conocen de sobra las consecuencias al respecto. Raras veces se atreven con familias gitanas, debido a los escándalos que organizan cuando se les retira la custodia de un hijo. Los payos tenemos mucho que aprender de los gitanos. Mientras, el número de hijos tutelados por los servicios sociales aumenta y explota como la pólvora. Actualmente, 60 afectados se han unido en un grupo de WhatsApp. Se producen manifestaciones en Mallorca, Oviedo y Barcelona. Una vícitma ha acampado en Palma de Mallorca y otra se encuentra en huelga de hambre. Esto no ha hecho más que empezar.

Por otro lado, insistir en el hecho de que las mismas congregaciones religiosas que hasta 1985 colaboraban con el Patronato de Protección a la Mujer, la GESTAPO española, actúan como redentoras de madres solteras en sus residencias. Trabajadoras de los Servicios Sociales están instaladas en los conventos con horario laboral estipulado, y extienden informes de desamparo con una facilidad pasmosa. Las monjas abren expendiente, deciden quién puede ser madre y quién no, y acto seguido, la funcionaria estampa su sello. Adiós hijos. Yo recomendaría a todos ellos que se sienten un domingo a ver Lady Bird.